Mi experiencia

Joni llegó a casa el domingo 9 de octubre de 2022. Un atigrado gris de pocos meses que esa primera noche solo quería dos cosas: comer y entenderlo todo. La primera foto que tengo de él es exactamente esa, con la cabeza metida en un cuenco azul que le venía grande.

Joni la primera noche en casa, comiendo de un cuenco azul

El nombre completo es Jonás Andrés, pero nadie lo ha llamado así nunca. Joni es curioso hasta el absurdo: no hay caja, bolsa ni electrodoméstico abierto que no haya inspeccionado por dentro. La lavadora incluida.

Joni asomado dentro del tambor de la lavadora

Año y medio después, en mayo de 2024, decidimos que no podía estar tanto tiempo solo en casa y fuimos a buscar a Amy. Antes de que llegara pusimos a Joni al día de vacunas para que la gatita nueva no tuviera problemas, y preparamos la casa para una presentación lenta, con puertas cerradas y olores cruzados. Amy, una atigrada con el pecho y las patas blancas, se adaptó en dos días. Joni tardó un poco más en aceptar que la casa ya no era solo suya.

Amy de gatita, tumbada en una alfombra amarilla

Amy tiene sus propias rarezas. La principal, dormir dentro del lavabo del baño. No en la cama que le compramos, ni en la manta, ni en el sofá: en el lavabo.

Amy durmiendo dentro del lavabo del baño

Hoy hacen la siesta juntos, se lamen las orejas y, cuando uno encuentra un sitio bueno, el otro aparece a los dos minutos a reclamar la mitad. Tener una mascota, al final, es esto: un reto que no se completa nunca del todo, porque cada día vuelve a empezar cuando abres la puerta de casa y hay dos esperando.

Joni y Amy durmiendo la siesta juntos sobre una manta