Un reto gastronómico sin fecha de caducidad

Comer 500 platos típicos no es un reto de cantidad sino de curiosidad. Se trata de no conformarse con el menú turístico ni con lo conocido: pedir lo que no entiendes, preguntar qué come la gente del lugar, entrar en sitios donde no hay carta en inglés. Cada plato típico es una entrada a la cultura de un sitio que ningún museo puede igualar.

500 suena a mucho, pero si viajas con regularidad y prestas atención a lo que comes, es más alcanzable de lo que parece. Un viaje a Japón solo puede sumar decenas si te lo propones.

Qué cuenta como plato típico

  • Tiene que ser propio del lugar: una pasta carbonara en Roma cuenta; en un italiano de centro comercial, no.
  • Platos de calle incluidos: un banh mi en Vietnam, un börek en Estambul, un taco al pastor en México DF. La comida callejera es tan típica o más que la de restaurante.
  • Variaciones regionales: el cocido madrileño y el cocido montañés son platos distintos. Las variaciones locales de un mismo plato cuentan por separado si son suficientemente diferentes.
  • Desayunos, postres y bebidas típicas: un café de olla mexicano, un pastel de nata en Lisboa, un ful medames en El Cairo. Todo entra.

Por dónde empezar

España por sí sola da para cien sin despeinarse: pintxos vascos, cocido madrileño, fabada asturiana, pa amb tomàquet, gazpacho, puchero canario, pulpo á feira, migas extremeñas, olla podrida... Cada comunidad tiene su despensa. Y eso sin salir del país.